Mientras personalidades de todo el mundo se expresan con respeto sobre la única razón posible de la renuncia del Papa, expresada sinceramente por él mismo en una decisión "ponderada y libre" -"He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino"-, los cuervos carroñeros del periodismo se lanzan sobre Benedicto XVI para aducir otras razones inventadas por ellos, que constituyen un irrespeto y una clara violación del derecho de una persona -por importante y notoria que ella sea- a tomar esa decisión sin la sospecha infundada de unos pseudo-informadores que lo que buscan, como tantas veces lo han demostrado, es el escándalo para llamar la atención.
De la noche a la mañana aparecen en los medios una serie de "vaticanistas" y "expertos" de muy dudosa procedencia, muchas veces improvisados, simples turistas de los temas de la Iglesia, cargados de muchas ignorancias y prejuicios, que hablan de que el Papa renuncia como víctima de la maquinaria vaticana enfrascada en una lucha por el poder, o que lo obligaron a dimitir los Vatileaks o la denuncia de los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes. Quién sabe qué más cosas, sacadas todas ellas del cubilete de los magos de la comunicación, llenarán los medios en los días por venir. En lugar de guardar un respetuoso silencio en torno al anciano humilde y valiente que decide dar ese paso abrumado por la falta de fuerzas, ellos dan rienda suelta a su imaginación.
El Secretario de la ONU, el presidente Obama, y muchas personalidades de todas las latitudes, ideologías y creencias, se han expresado sobre esa renuncia alabando "la extraordinaria valentía", "la bondad, humildad y generosidad del Papa al renunciar", diciendo de él que es "un hombre bueno que ha puesto los intereses de la Iglesia sobre los intereses personales" en un "acto de coraje y consecuencia", etc. Nada de eso sacia las mentes calenturientas de quienes se dejan arrastrar por sus prejuicios.
La Madre Teresa de Calcuta, callada, serena y de reconocida santidad en todo el mundo, acosada una vez por una periodista imprudente que quiso manipularla, reacciona ante su descarada agresividad diciéndole: "Mire, lo que pasa es que cada uno habla de la basura que lleva dentro". Eso podría decir Benedicto XVI a estos cuervos carroñeros que se deleitan dando a conocer su propia basura y que ejercen con descaro y prepotencia su vocación depredadora de la intimidad y derecho a la buena fama de los personajes a los que entrevistan o de los que hablan. Solo que esta vez la emprenden contra el Papa que renuncia sin presión distinta a su libérrima voluntad, a quien no le quieren permitir ese derecho profundamente respetable de renunciar por la única razón posible expresada por él mismo. Parece que hubiera que creerles a ellos y no al propio interesado.
